¿CÓMO NACIÓ EL HIMNO DEL GRUPO EDUCATIVO BACATÁ? Sábado, May 15 2010 

En 1998 yo me quedé sin trabajo. Entonces le dictaba unas clases a domicilio a doña Ana Jesús Velásquez de Posada (q.e.p.d.) en el norte de la ciudad. Ella me habló de un extraordinario colegio llamado Grupo Educativo Bacatá. Allá fui con recomendación de tan excelsa dama y fui aceptado. Entré a trabajar como profesor de Pre-ICFES. Posteriormente decidí marcharme porque había salido una opción mejor. Pero en agradecimiento escribí las estrofas de un primer Himno al Bacatá, que la verdad sea dicha no captaba toda la esencia de lo que el Bacatá es y significa. Doña Adelaida Garavito Marulanda quedó impresionada con mi facilidad para crear textos hímnicos y para hacer poesía, por lo cual decidió que no me fuera. Para ello me ofreció la Coordinación General del colegio.  Desempeñé mi labor como coordinador hasta marzo de 1999 cuando opté por regresar como profesor de Filosofía al Instituto Zoraida Cadavid de Sierra, en Madrid (Cundinamarca). Ya conocía muy bien el Bacatá, había colaborado en la redacción del P.E.I y del Manual de Convivencia, entre otros documentos fundacionales del colegio. Por ello opté por componer una canción-marcha que capturara ese sentimiento afectivo hacia el estudiante, que interpretara el sentir de la pedagogía vivencial de la cual Doña Adelaida es pionera en Colombia con su novedoso proyecto educativo, del cual orgullosamente formé parte. ¿Yo había hecho himnos con melodía? No. Solo había sido un letrista hasta ese momento. En diciembre de 1997 había ocupado el primer lugar en el concurso nacional del Himno del Departamento del Cesar, entre otras 16 composiciones. No había compuesto un himno letra y música, sólo letra. ¿Por qué entonces me nació un himno con letra y melodía? La verdad no sé. Lo cierto es que alguna noche que iba de vuelta a Madrid, cruzaba a pie el puente peatonal sobre la paralela oriental y en un arranque de inspiración creativa empecé a tararear una melodía que antes jamás había escuchado… ¡Juventud de Bacatá marcha adelante! Las primeras estrofas fueron naciendo al tiempo que yo las cantaba, ya casi llegaba al monumento de los Héroes. Y proseguía camino al paradero de busetas un poco más allá, el himno ya tenía dos cuartetos y la melodía estaba claramente definida. Las lágrimas inundaban mis ojos, soy un sentimental de tiempo completo y el ideal de Bacatá me había tocado la fibra; interpretarlo en una canción me emocionaba hasta las lágrimas. Camino hacia la lejana Madrid en la solitaria buseta, yo seguía tarareando, pero para que no se me fuera lo que ya había compuesto anoté rápidamente en una libreta de reciclaje de las que se acostumbran hacer en el Bacatá. Algunas personas me miraban con asombro, yo iba llorando y canturreando algo ininteligible mientras marcaba compases en el aire, pero la verdad no me importó, yo proseguía con mi labor creativa. Ya había aludido a la valerosa tribu del Cacique Bacatá y a la batalla de Boyacá.  Ya había trabajado la idea del Proyecto de Vida con base en valores que es uno de los pilares fundamentales del Bacatá. Al estudiante de Bacatá se le forma en el coraje y el valor ante la vida, eso debía ser determinante y claro en el himno institucional, pensé. Y así surgieron los dos últimos cuartetos que son los más afirmativos y sugestivos de toda la obra, que evocan a manera de ejemplo la imagen eterna del Libertador… ¡No en vano había alzado la vista cuando pasé por el Monumento de los Héroes para ver una vez más esa hermosa estatua ecuestre de Bolívar en actitud triunfante! El Himno del Bacatá estaba concluido y contaba seis cuartetos dodecasílabos, es decir, de doce sílabas cada uno, con la novedad de la repetición de los dos últimos versos al final de cada par de cuartetos. ¿Por qué no había ajustado su metro a la clásica musicalidad castellana como era mi costumbre al crear letras  de himnos? Vuelvo a decirlo, no sé. Así nació, fresco, espontáneo y dueño de un ritmo musical y una musicalidad métrica muy propias.  Al día siguiente lo revisé y le ajusté unos cuantos adjetivos y verifiqué la métrica de cada verso. Posteriormente fui a casa del Maestro Manuel Avendaño Castañeda (q.e.p.d.) el pianista, compositor y arreglista con quien yo acostumbraba crear himnos. Con él habíamos hecho el Himno del Cesar y de varios colegios.  Lo convidé al piano de la sala y se lo tarareé. Crítico implacable de todas mis creaciones, me dijo lo siguiente: “Muy bien hecho ese himno, lo felicito, encuentro un acople perfecto entre sílabas y notas, lo cual es importante. La melodía es además muy original e invita a la acción, como corresponde a un himno.  Lo que tengo que objetarle son esas repeticiones que me parecen innecesarias. Si tiene seis cuartetos, con esas repeticiones, vienen quedando doce cuerpos estróficos melódicos lo cual es mucho, la gente se va a aburrir al pretender cantarlo completo en una izada de bandera, Don Nabonazar, se lo aseguro”.  Le apuesto que no Maestro, déjeme lo ensayo con los muchachos y usted va a ver que lo cantan completo sin problemas. Me regañó por terco, pero yo insistí.

El año 1998 se estaba acabando. En la izada de bandera del 11 de noviembre lo ensayé a capella con los cursos: décimo, once y noveno. Me acompañó con su excelente voz de tenor, el filósofo de la Universidad de los Andes, Alexander Díaz, uno de los profesores más queridos del Bacatá en esos años. A los muchachos les gustó, al menos eso me pareció. En la izada de bandera lo cantamos, esa fue la primera ejecución en público. Doña Adelaida no lo conocía, la idea era que fuera una sorpresa. Días después ella me dijo… “Me contaron que en la izada de bandera del 11 de noviembre se cantó un Himno al Bacatá nuevo… ¿cómo es eso?”. Sí señora, le contesté. Y en la rectoría le di una copia de la letra y se lo canté. Se quedó meditabunda, pensando en todas esas afirmaciones y evoluciones del texto y la melodía, nada me dijo, pero estoy seguro que lo analizó muy bien en casa.  Posteriormente convocó a una reunión de todos los profesores en la rectoría y nos repartió a todos el texto del Himno del Bacatá. Anunció: “Nuestro coordinador hizo este himno para el colegio, venga lo escuchamos cantado por él”.  Y lo entoné entonces con mi desafinada voz de barítono. Los profesores aplaudieron y me felicitaron, la actitud sonriente y emocionada de Doña Adelaida fue mi mejor premio. El himno había sido de su gusto y según después me dijo, le había calado muy hondo. En la ceremonia de Graduación de la Primera Promoción del Bacatá, en diciembre de 1998, se entonó el Himno del Bacatá. Lo ejecutó brillantemente en su organeta el Maestro Manuel Avendaño Castañeda (q.e.p.d.) quien amenizó la ceremonia con sus mágicos dedos de oro. Recuerdo que se graduaron cinco muchachos. Fue en el auditorio de la EAN. Posteriormente Doña Adelaida hizo grabar el himno por parte del Coro de la Universidad Pedagógica Nacional, con acompañamiento de la Orquesta de Cámara de dicho centro educativo. El maestro Luis Díaz Herodier lo arregló. Estuve muy a gusto con el arreglo, dejó las repeticiones y le adicionó una vibrante introducción de trompetas inspirada en la melodía del himno. Le adicionó además la repetición del primer cuarteto al final, a manera de coro. Me contaron que dijo: “Hace poco grabamos un himno de otro colegio, muy feo por cierto. ¡Pero éste sí es un himno!”

El Bacatá debió sortear momentos duros en su vida institucional, Doña Adelaida hacia 2002 me dijo una vez lo siguiente: “El Bacatá no se rinde ante los tiempos duros, como muy bien me lo recuerda constantemente el himno. Ahí hay toda una lección de vida”. Y el Bacatá salió adelante con sobradas creces porque no sabe claudicar, la inspiradora de su profunda filosofía así lo ratifica. El día que debí marcharme del Bacatá Doña Adelaida me dijo… ¿Cuánto le debo por haber hecho nuestro himno? Yo le respondí “Señora Adelaida, el Himno del Bacatá me salió del alma, traducirlo a pesos me parece irrespetuoso y nunca lo aceptaré. Es un bello y emotivo regalo a una Institución que jamás en la vida olvidaré. Tómenlo como un presente muy significativo. Me nació del alma y así entero lo dejo aquí. Para mí es todo un honor que los muchachos lo canten y se formen en el ideal de esta Institución que tanto me aportó a mi vida profesional y personal”.   Traté de ser lo más fiel y objetivo en esta crónica. El 1º de abril de 2009 el Maestro Manuel Avendaño Castañeda marchó a las regiones de la eternidad a los 74 años, puede decirse que él fue el padrino del Himno del Bacatá en su nacimiento, porque le dio su visto bueno y lo dejó tal cual fue hecho. Fue también su primer ejecutante en la organeta. Cuando estoy deprimido me gusta escuchar el Himno del Departamento del Cesar, para recuperar la senda perdida. Pero cuando siento que las fuerzas me abandonan, entono a voz en cuello el Himno del Bacatá porque me recuerda… “…nunca te rindas, sólo se rinde el cobarde al claudicar/ Tú no claudicas, tu meta es atrevida/ Tú crees en ella y sabes que ganarás/ Por eso sigues la senda de Bolívar…”. Una especie de descarga eléctrica me toca y  vuelvo reanimado a la lucha… El Bacatá te enseñó a nunca rendirte, no lo olvides, me digo. Esa es la esencia fundamental del Himno del Bacatá: es un canto de fuerza, de vida, de lucha abierta, honesta y denodada. Es un canto de fe, de patriotismo y de trascendencia espiritual.

NABONAZAR COGOLLO AYALA

MAYO 15  DE 2010

(EN LA CELEBRACIÓN DEL DÍA DEL MAESTRO)

¿POR QUÉ SOY MAESTRO? Por: Nabonazar Cogollo Ayala Viernes, May 14 2010 

Porque un día decidí poner mis valores, conocimientos y capacidades al servicio de la juventud de mi país… Porque un día juré, que si Dios quería que yo fuera Maestro como Jesucristo lo fue, sería el mejor… Porque cuanto leo, estudio y aprendo, lo hago en función de aquellos que llegan a mis aulas cada día para ser formados por mí… Porque no me creo sabio ni me las echo de perfecto. Cuando me equivoco tengo la humildad de pedir disculpas. Si la ofensa fue en público, las presento en público. Al final salgo fortalecido y siendo mejor Maestro que lo que fui ayer… Porque no utilizo mis conocimientos ni mi experiencia para hacer daño. Motivo a mis alumnos para que se enamoren de las artes y las ciencias. No busco matar en ellos la capacidad del asombro ni la luz del entusiasmo. Motivo sus ansias de saber y si puedo les presto mis alas para que surquen con vuelo raudo el azul purísimo del cielo de sus ilusiones, como yo lo hice una vez cuando fui joven… Porque escucho y trato de entender a mis estudiantes. Ellos son algo más que un número en una lista, una corbata o un uniforme. Son seres humanos plenos de vida que bulle y palpita ante un mundo que ya no es el mío pero que trato de entender para asimilarlos mejor a ellos… Porque ignoro la palabra que me ofende, el dardo incisivo que me hiere en lo más profundo o la burla cruel que me convierte en payaso por unos instantes. Ellos son muchachos y muchas veces no miden el daño que pueden hacer. Yo soy adulto y debo estar por encima de esas incomodidades que me dan oportunidad para corregir, para formar, para reorientar, aunque por dentro tenga el alma rota en mil pedazos. El viento más violento agita las ramas de un viejo y añoso árbol, pero no mueve un ápice su sólido tronco cubierto de verde musgo y lleno de savia vivificante. Porque lloro en secreto cuando me entero que uno de mis alumnos viajó a las regiones de la eternidad y quizás algo mío se llevó. Entonces me pongo en presencia del Altísimo y elevo una oración por esa alma preciosa que un día iluminó mi salón. Y si alguna espina quedó en mi alma de parte de aquel alumno, la elimino con el bálsamo del perdón y con la suave esencia de la bienaventuranza… Porque cuando veo a quien fue mi alumno o mi alumna cualquier día en la calle, luego que el tiempo ha cumplido con su labor, me emociono y un rayo de alegría me toca por unos instantes… El o ella fue mi estudiante, digo entonces. Y aun cuando no me salude, aun cuando el odio más ciego contra mí se incube en su alma, lo bendigo desde lo profundo de mi ser. Si le exigí era porque quería que aprendiera. El diamante para hacerlo jugar con la luz, debe ser tallado y pulido y ese proceso suele ser doloroso. Porque mis más caros principios de educación jamás los negocio por ir a quedar bien con mis estudiantes. Ellos son jóvenes e ignoran el mal que se hacen a sí mismos perdiendo insensiblemente el tiempo. Yo soy adulto y entiendo muy bien que la exigencia, el trabajo duro y constante, la lectocomprensión, el análisis y el pensamiento inferencial y creativo entre otros aspectos, son fundamentales para la vida; por lo cual jamás los negocio, aun cuando mis estudiantes por ser jóvenes e irreflexivos no quieran entenderlo. Porque no asumo mi profesión como una forma de acumular dinero o de hacerme rico. Ella me enriquece pero no materialmente. A sabiendas de ello opté por ser maestro y un día decidí seguir la senda de Cristo en la enseñanza y la predicación, aun cuando el premio fuera la falta de reconocimiento, la falta de respeto, la falta de oportunidades, la agresión eventual, la incomprensión o algunas veces la frase acerada que hiere y lastima. Si fui buen o mal maestro el tiempo lo dirá con la balanza insobornable de la justicia de la historia que no le da ni le quita nada a nadie. Soy Maestro porque amo estas aulas, estos estudiantes, este material de trabajo tanto humano como material y espiritual. Soy un forjador de conciencias, un tallador de voluntades… Un escritor que esculpe poemas en el mármol dorado de las almas jóvenes… Un científico que hace experimentos con retortas y matraces en las alas del viento… Un bailarín que se mueve al compás de la danza de las horas… Un cantante que eleva sentidos madrigales a la luna… Un artista que pinta lienzos con el pincel de la esperanza; un soñador, un quijote del mañana… Un imitador ferviente del gran Maestro de Nazaret, cuyo ejemplo busco imitar aunque yo sea indigno de él como el lucero vespertino se siente indigno ante la luna radiante y luminosa… Por todo eso soy y siempre seré un Maestro convencido y practicante Para gloria de mi patria y mayor gloria de Dios. Amén Mayo 13 de 2010 Un sentido homenaje a todos los maestros de Colombia y el mundo.

¿POR QUÉ SOY MAESTRO? Por: Nabonazar Cogollo Ayala Viernes, May 14 2010 

Porque un día decidí poner mis valores, conocimientos y capacidades al servicio de la juventud de mi país…

Porque un día juré, que si Dios quería que yo fuera Maestro como Jesucristo lo fue, sería el mejor…

Porque cuanto leo, estudio y aprendo, lo hago en función de aquellos que llegan a mis aulas cada día para ser formados por mí…

Porque no me creo sabio ni me las echo de perfecto. Cuando me equivoco tengo la humildad de pedir disculpas. Si la ofensa fue en público, las presento en público. Al final salgo fortalecido y siendo mejor Maestro que lo que fui ayer…

Porque no utilizo mis conocimientos ni mi experiencia para hacer daño. Motivo a mis alumnos para que se enamoren de las artes y las ciencias. No busco matar en ellos la capacidad del asombro ni la luz del entusiasmo. Motivo sus ansias de saber y si puedo les presto mis alas para que surquen con vuelo raudo el azul purísimo del cielo de sus ilusiones, como yo lo hice una vez cuando fui joven…

Porque escucho y trato de entender a mis estudiantes. Ellos son algo más que un número en una lista, una corbata o un uniforme. Son seres humanos plenos de vida que bulle y palpita ante un mundo que ya no es el mío pero que trato de entender para asimilarlos mejor a ellos…

Porque ignoro la palabra que me ofende, el dardo incisivo que me hiere en lo más profundo o la burla cruel que me convierte en payaso por unos instantes. Ellos son muchachos y muchas veces no miden el daño que pueden hacer. Yo soy adulto y debo estar por encima de esas incomodidades que me dan oportunidad para corregir, para formar, para reorientar, aunque por dentro tenga el alma rota en mil pedazos. El viento más violento agita las ramas de un viejo y añoso árbol, pero no mueve un ápice su sólido tronco cubierto de verde musgo y lleno de savia vivificante.

Porque lloro en secreto cuando me entero que uno de mis alumnos viajó a las regiones de la eternidad y quizás algo mío se llevó. Entonces me pongo en presencia del Altísimo y elevo una oración por esa alma preciosa que un día iluminó mi salón. Y si alguna espina quedó en mi alma de parte de aquel alumno, la elimino con el bálsamo del perdón y con la suave esencia de la bienaventuranza…

Porque cuando veo a quien fue mi alumno o mi alumna cualquier día en la calle, luego que el tiempo ha cumplido con su labor, me emociono y un rayo de alegría me toca por unos instantes… El o ella fue mi estudiante, digo entonces. Y aun cuando no me salude, aun cuando el odio más ciego contra mí se incube en su alma, lo bendigo desde lo profundo de mi ser. Si le exigí era porque quería que aprendiera. El diamante para hacerlo jugar con la luz, debe ser tallado y pulido y ese proceso suele ser doloroso.

Porque mis más caros principios de educación jamás los negocio por ir a quedar bien con mis estudiantes. Ellos son jóvenes e ignoran el mal que se hacen a sí mismos perdiendo insensiblemente el tiempo. Yo soy adulto y entiendo muy bien que la exigencia, el trabajo duro y constante, la lectocomprensión, el análisis y el pensamiento inferencial y creativo entre otros aspectos, son fundamentales para la vida; por lo cual jamás los negocio, aun cuando mis estudiantes por ser jóvenes e irreflexivos no quieran entenderlo.

Porque no asumo mi profesión como una forma de acumular dinero o de hacerme rico. Ella me enriquece pero no materialmente. A sabiendas de ello opté por ser maestro y un día decidí seguir la senda de Cristo en la enseñanza y la predicación, aun cuando el premio fuera la falta de reconocimiento, la falta de respeto, la falta de oportunidades, la agresión eventual, la incomprensión o algunas veces la frase acerada que hiere y lastima. Si fui buen o mal maestro el tiempo lo dirá con la balanza insobornable de la justicia de la historia que no le da ni le quita nada a nadie.

Soy Maestro porque amo estas aulas, estos estudiantes, este material de trabajo tanto humano como material y espiritual. Soy un forjador de conciencias, un tallador de voluntades…

Un escritor que esculpe poemas en el mármol dorado de las almas jóvenes…

Un científico que hace experimentos con retortas y matraces en las alas del viento…

Un bailarín que se mueve al compás de la danza de las horas…

Un cantante que eleva sentidos madrigales a la luna…

Un artista que pinta lienzos con el pincel de la esperanza; un soñador, un quijote del mañana…

Un imitador ferviente del gran Maestro de Nazaret, cuyo ejemplo busco imitar aunque yo sea indigno de él como el lucero vespertino se siente indigno ante la luna radiante y luminosa…

Por todo eso soy y siempre seré un Maestro convencido y practicante

Para gloria de mi patria y mayor gloria de Dios.

Amén

Mayo 13 de 2010

Un sentido homenaje a todos los maestros de Colombia y el mundo.

¿POR QUÉ SOY MAESTRO? Por: Nabonazar Cogollo Ayala Viernes, May 14 2010 

Porque un día decidí poner mis valores, conocimientos y capacidades al servicio de la juventud de mi país…

Porque un día juré, que si Dios quería que yo fuera Maestro como Jesucristo lo fue, sería el mejor…

Porque cuanto leo, estudio y aprendo, lo hago en función de aquellos que llegan a mis aulas cada día para ser formados por mí…

Porque no me creo sabio ni me las echo de perfecto. Cuando me equivoco tengo la humildad de pedir disculpas. Si la ofensa fue en público, las presento en público. Al final salgo fortalecido y siendo mejor Maestro que lo que fui ayer…

Porque no utilizo mis conocimientos ni mi experiencia para hacer daño. Motivo a mis alumnos para que se enamoren de las artes y las ciencias. No busco matar en ellos la capacidad del asombro ni la luz del entusiasmo. Motivo sus ansias de saber y si puedo les presto mis alas para que surquen con vuelo raudo el azul purísimo del cielo de sus ilusiones, como yo lo hice una vez cuando fui joven…

Porque escucho y trato de entender a mis estudiantes. Ellos son algo más que un número en una lista, una corbata o un uniforme. Son seres humanos plenos de vida que bulle y palpita ante un mundo que ya no es el mío pero que trato de entender para asimilarlos mejor a ellos…

Porque ignoro la palabra que me ofende, el dardo incisivo que me hiere en lo más profundo o la burla cruel que me convierte en payaso por unos instantes. Ellos son muchachos y muchas veces no miden el daño que pueden hacer. Yo soy adulto y debo estar por encima de esas incomodidades que me dan oportunidad para corregir, para formar, para reorientar, aunque por dentro tenga el alma rota en mil pedazos. El viento más violento agita las ramas de un viejo y añoso árbol, pero no mueve un ápice su sólido tronco cubierto de verde musgo y lleno de savia vivificante.

Porque lloro en secreto cuando me entero que uno de mis alumnos viajó a las regiones de la eternidad y quizás algo mío se llevó. Entonces me pongo en presencia del Altísimo y elevo una oración por esa alma preciosa que un día iluminó mi salón. Y si alguna espina quedó en mi alma de parte de aquel alumno, la elimino con el bálsamo del perdón y con la suave esencia de la bienaventuranza…

Porque cuando veo a quien fue mi alumno o mi alumna cualquier día en la calle, luego que el tiempo ha cumplido con su labor, me emociono y un rayo de alegría me toca por unos instantes… El o ella fue mi estudiante, digo entonces. Y aun cuando no me salude, aun cuando el odio más ciego contra mí se incube en su alma, lo bendigo desde lo profundo de mi ser. Si le exigí era porque quería que aprendiera. El diamante para hacerlo jugar con la luz, debe ser tallado y pulido y ese proceso suele ser doloroso.

Porque mis más caros principios de educación jamás los negocio por ir a quedar bien con mis estudiantes. Ellos son jóvenes e ignoran el mal que se hacen a sí mismos perdiendo insensiblemente el tiempo. Yo soy adulto y entiendo muy bien que la exigencia, el trabajo duro y constante, la lectocomprensión, el análisis y el pensamiento inferencial y creativo entre otros aspectos, son fundamentales para la vida; por lo cual jamás los negocio, aun cuando mis estudiantes por ser jóvenes e irreflexivos no quieran entenderlo.

Porque no asumo mi profesión como una forma de acumular dinero o de hacerme rico. Ella me enriquece pero no materialmente. A sabiendas de ello opté por ser maestro y un día decidí seguir la senda de Cristo en la enseñanza y la predicación, aun cuando el premio fuera la falta de reconocimiento, la falta de respeto, la falta de oportunidades, la agresión eventual, la incomprensión o algunas veces la frase acerada que hiere y lastima. Si fui buen o mal maestro el tiempo lo dirá con la balanza insobornable de la justicia de la historia que no le da ni le quita nada a nadie.

Soy Maestro porque amo estas aulas, estos estudiantes, este material de trabajo tanto humano como material y espiritual. Soy un forjador de conciencias, un tallador de voluntades…

Un escritor que esculpe poemas en el mármol dorado de las almas jóvenes…

Un científico que hace experimentos con retortas y matraces en las alas del viento…

Un bailarín que se mueve al compás de la danza de las horas…

Un cantante que eleva sentidos madrigales a la luna…

Un artista que pinta lienzos con el pincel de la esperanza; un soñador, un quijote del mañana…

Un imitador ferviente del gran Maestro de Nazaret, cuyo ejemplo busco imitar aunque yo sea indigno de él como el lucero vespertino se siente indigno ante la luna radiante y luminosa…

Por todo eso soy y siempre seré un Maestro convencido y practicante

Para gloria de mi patria y mayor gloria de Dios.

Amén

Mayo 13 de 2010

Un sentido homenaje a todos los maestros de Colombia y el mundo.