¿CÓMO NACIÓ EL HIMNO DEL INSTITUTO JOSÉ DE LA CRUZ PUCHE (EL HIMNO DEL JOSEPUCHISTA)? Martes, Dic 13 2011 

Los hermanos Cogollo Ayala, Raúl Enrique y Álvaro Gustavo, hijos mayores del matrimonio del caballista y hombre de vallenatos, Nabo Cogollo Guzmán (q.e.p.d.), cursaron sus estudios primarios en el Instituto José de la Cruz Puche, entre 1967 y 1971. El menor de los Cogollo Ayala, fui yo y mi nombre es Nabonazar, no cursé mis estudios primarios en el colegio de los hermanos Mercedes y Carlos José Vásquez Puche –como hubiera sido mi deseo inicial-, pues mis padres determinaron matricularme en el Colegio San Luis Gonzaga, del educador cereteano Francisco de Paula Gómez, donde aprendí las primeras letras. Pero una vez culminados mis estudios de bachillerato en el Colegio Diocesano Pablo Sexto, de Cereté (Córdoba), determiné poner mi naciente capacidad e inventiva literaria al servicio de un colegio que siempre había estado muy ligado a mi familia. Inicialmente produje varios textos hímnicos para el Instituto José de la Cruz Puche, pero ninguno colmó mis expectativas, como hombre exigente que siempre he sido aún desde muy joven. Finalmente un día cualquiera de finales del año 1993, en uno de los jardines de la Universidad Nacional de Colombia (en la cual ya estaba cursando mi carrera de filosofía), sede de Bogotá, cerca de la capellanía, escribí una a una las estrofas que finalmente conformarían el texto definitivo del Himno del Josepuchista. Orgulloso de mi creación, mostré aquel texto a mi mentor musical el maestro Manuel Antonio Avendaño Castañeda, con quien yo venía elaborando himnos desde 1991. El maestro Manuel Avendaño era un viejo lobo de mar en asuntos de himnos, como quiera que fuera pianista formado en el Conservatorio de la Universidad Nacional desde muy joven, quizás como una forma de compensar la limitación física de su ceguera.

Él me solía decir entre muchas otras cosas las siguientes:

• Los himnos nunca deben ser tan largos, don Nabonazar, porque se vuelven incantables… Luego la gente no los canta y se olvidan.
• Don Nabonazar… ¿Y quién era José de la Cruz Puche? ¡Es imprescindible que el nombre de la institución aparezca en el texto de su himno!

El Maestro Manuel Avendaño me había rechazado textos anteriores para el Himno del Instituto José de la Cruz Puche, con razones generalmente técnico – musicales y de contenido. Una de sus razones más reiterativas era que el texto debía mencionar el nombre institucional. Su crítica permanente era…

• Don Nabonazar. Usted escribe textos muy bonitos y líricos, pero no se olvide que se está cantando a un colegio el cual tiene su propia filosofía institucional y su pasado histórico.

Aquel texto que finalmente le presenté luego de varios intentos, sí satisfizo sus expectativas. Con sonrisa sarcástica me dijo lo siguiente:

• Muy bien don Nabonazar, muy bien. Costó cierto trabajo pero se logró. Ahora mismo me podré a musicalizarlo…

Y así fue. El maestro, muy juiciosamente como siempre fue su trabajo, se dedicó a crear la línea melódica del Himno del Josepuchista. Aquel fin de semana lo grabó en su casa del barrio Santa Isabel, de la ciudad de Bogotá, con su propio acompañamiento al piano y con las voces de su esposa, doña Lucella Quintero, junto con otras señoras igualmente invidentes. El resultado fue sorprendentemente hermoso y la grabación fue de tipo casero en una grabadora doméstica marca Phillips.

Aquel casete lo envié por correo a la licenciada Dony Martínez Vásquez, quien entonces fuera la rectora del Instituto José de la Cruz Puche. El himno fue escuchado en familia con la presencia de doña Mercedes Vásquez viuda de Martínez, la profesora Dony y su esposo, el profesor Eduardo García, entre otras personalidades de la institución. Arrancó aplausos de aprobación por parte de todos los presentes y hasta lágrimas, según la profesora Dony me contara esa misma noche, cuando emocionada me llamó por teléfono para darme las gracias a mí y al maestro Avendaño. Aquel año de 1993, el día de la primera comunión de los niños del colegio, fue estrenado oficialmente el Himno del Josepuchista, al término de la ceremonia religiosa en el templo parroquial de San Antonio de Padua, por cuyos altoparlantes resonó majestuoso y solemne por primera vez. Aquel día fue la presentación del himno ante la comunidad educativa Josepuchista y se habló de Nabonazar Cogollo Ayala como “ex alumno de la institución”, lo cual fue para mí todo un honor porque el título honorífico de ex alumno Josepuchista se me otorgó en ese mismo momento. El profesor Eduardo García – quien entonces fuera el coordinador del colegio- me refirió que posteriormente en el marco de una izada de bandera en el colegio, lo volvieron a presentar, esta vez luego de haberlo ensayado debidamente con todo el estudiantado. El himno mereció elogios de parte del ilustre profesor de música cereteano, Jorge Fuertes.

El día 1° de abril de 2010 el maestro Manuel Antonio Avendaño Castañeda, partió a las regiones de la eternidad por cuenta de la diabetes que en los últimos años lo había postrado en una cama. Fallecía a la edad de 73 años de edad y dejaba tras de sí cuatro hijos y una abundante obra musical, compuesta por muchos himnos de colegios, la melodía del Himno del Cesar, de los himnos de los colegios Instituto José de la Cruz Puche y Diocesano Pablo Sexto (en Cereté), un cuarteto de cuerdas para orquesta de cámara, arreglos corales para coros de voces (más de cuarenta), etc. Moría un gigante de la música en Colombia injustamente olvidado. Cuando aún se podía levantar y caminar por sí solo, siempre me dijo hasta último momento…

• Don Nabonazar… ¿cuándo es que vamos a ir a su tierra, a Cereté, para ir al Colegio Puche y al otro, el Pablo Sexto, para que nos canten los himnos que una vez les hicimos?

Yo le respondía como cosa remota y distante:

• Algún día maestro, algún día. Primero debemos conseguir la plata para eso…

Desafortunadamente este su deseo final nunca se pudo ver realizado, hoy me duele mucho reconocerlo. Él había nacido en la ciudad boyacense de Sogamoso y a los pocos meses de nacido, su madre en un error involuntario y por falta de pericia, suministró demasiada cantidad de cierto colirio no pediátrico al recién nacido en sus ojitos, lo cual lesionó seriamente ambos nervios ópticos del niño y lo dejó ciego a su más tierna edad. Él refería esta historia con humor. Decía…

• Y ahí fue donde la señora se petaquió al chinito ja ja ja

El Himno del Instituto José de la Cruz Puche cumplirá en septiembre de 2013, veinte años de haber sido creado y se ha constituido en símbolo sonoro por excelencia de los josepuchistas, quienes lo cantan con orgullo y lo proclaman uno de los más bellos del valle del Sinú.

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REFLEXIÓN EN TORNO A LA VIDA Jueves, Dic 8 2011 

Vende una parte de tu tiempo productivo, pero no vendas tu vida
Vende una parte de tus ideas, pero nunca jamás vendas tu conciencia
Vende una parte de lo que pueden hacer tus manos, pero no vendas tu cuerpo
Vende una parte de lo que puedes escribir, pero nunca jamás vendas tu pluma
Vende una parte de tus creaciones, pero jamás vendas tu juicio ni tu voluntad
Trabaja para vivir, pero no vivas para trabajar
La vida misma luego te lo cobrará y el trabajo no estará ahí para compensarlo
Sé tú mismo, conserva tu independencia de criterio y de alma
No permitas que el trabajo te absorba por entero ni te enajene
Conserva puro e incontaminado tu yo en medio del galopante afán de la producción de capital que nos rodea.

HIMNO DEL INSTITUTO JOSÉ DE LA CRUZ PUCHE Jueves, Dic 8 2011 

Himno del Josepuchista

(Cereté – Córdoba)

CORO

Adelante orgulloso yo marcho

Al futuro con fe de ganar.

Un laurel siempre verde y gallardo.

En las ciencias, el bien y la paz.

No le temo a ningún desafío

Me enseñaron hidalgo a vencer.

Persistiendo en mi claro objetivo

Pues es Dios y Colombia mi ley.

-1-

A mi patria daré fiel tributo

De grandeza, de industria y saber.

Porque formo en el noble Instituto

José de la Cruz Puche mi ser.

No hay de miedo ni el más leve indicio

En mi siempre tenaz decisión

De afrontar cada día los caminos

Intrincados de mi ardua instrucción.

-2-

Al final siempre salgo triunfante

Y sabiendo feliz mucho más.

Tanto así que mi pecho radiante

Luce altivo un escudo triunfal.

El deporte le da a mi organismo

El vigor que le exige el deber

Y mi espíritu fortalecido

Nunca calma su sed de saber.

Letra: NABONAZAR COGOLLO AYALA (1993)

Música: MANUEL ANTONIO AVENDAÑO CASTAÑEDA (1994)