Mi niño no es grosero mi mal educado... ¡Es que hay que saberlo entender!

Mi niño no es grosero mi mal educado… ¡Es que hay que saberlo entender!

Los niños y jóvenes actuales tienden a no saludar, a no pedir el favor y a no dar las gracias. Tienden a regirse por el supremo imperativo del “me gusta, no me gusta”… (Salvando las honrosas excepciones, porque las hay y muchas, sin llegar por ello a constituirse en la regla).

Los padres de esta generación suelen temerles a sus hijos y a plegarse sumisamente ante sus deseos, muchas veces tiránicos y hasta crueles… ¡Mi papá no sabe hacer tal o cual cosa en el PC…ja, ja, ja, tan torpe!  ¡Él viene de la edad de piedra, pobre cucho! Pero esos mismos padres, esclavizados y tiranizados por un amor mal entendido, le exigen al resto de la humanidad que se comporte de igual o similar manera ante sus amados, tiernos e inofensivos retoños. ¡La esclavitud busca perpetuarse cíclicamente!

Esos padres exigen que la sociedad les tolere a sus hijos los actos de rebeldía, las rabietas, los desmanes y hasta la grosería disfrazada de  ternuras e inocencias… Veamos unas cuantas perlas… ¡Es que mi niño es así! ¡Él dice malas palabras pero no es malo, entiéndanlo! Que haya ahogado al gato a propósito en la bañera no significa que sea un niño cruel… ¡Él hace esas cosas pero es un chico lindo!

Que se desternille de la risa ante usted no es que se le esté burlando en la cara… ¡No! Es que es muy risueño y su enorme nariz le da mucha risa. Que se lleve algo del supermercado no significa que sea un ladrón, para nada. Eso solo indica que es un chico recursivo que toma lo que quiere, cuando quiere y ya, sin complicaciones.

Que juegue con la comida y muestre lo que tiene en la boca, no indica que sea un grosero mal educado. No, es solo que le divierte mucho tirarle al vecino los fideos y los fríjoles a manera de catapulta. ¡Entiéndanlo! Es re divertido hacer eso… ¡Uno siempre quiso hacerlo! ¿O no?

Que emplee un lenguaje lleno de sexo y se señale sus genitales ante las niñas no lo hace un chico morboso… ¡No, cómo se le ocurre! ¡Es que es súper amoroso y es su manera de decirles que las ama!

Y el repertorio de casos estrafalarios y justificaciones sui generis para cada uno es ampliamente extenso. No faltará quien diga… ¡Tan exagerado! ¡Quién ha dicho que nuestros muchachos de ahora son así! ¡Tampoco!

¿Intentamos acaso tapar el sol con las manos? Ojalá lleguen a ser más los muchachos educados, justos, tiernos y moderados que tanto padres como educadores echamos de menos en nuestras casas y aulas, respectivamente. Aquellos muchachos que decían lo que tenían que decir, pero con moderación, respeto y compostura.

¡Respeto! Ah palabrita venida a menos ésta en los últimos 30 años…

Hoy en día los más de nuestros jóvenes la asocian con servilismo, chochez, cosas de viejos, de cuchos, con cosas de fósiles y de cavernas prehistóricas… ¡Pensamientos y conductas ya pasadas que deben ser superadas en la época del Ipad, la tableta y el internet ilimitado!

¿Exageraciones? ¿Estoy equivocado? 20 años de experiencias docentes en aulas de colegios de distintos estratos, me han llevado a elaborar las conclusiones que sirven de base a estas reflexiones. Ojalá Dios quiera que yo esté equivocado porque el panorama futuro en 20, 30 y más años, es desalentador. ¿Qué irán a ver nuestros hijos y nietos? No amaneceremos para verlo porque para entonces seremos el polvo fósil que desde ya nos ha pronosticado esta generación. Solo espero que la ética humanizadora, el respeto y los valores de familia no se desdibujen del todo en el maremágnum ensordecedor y avasallante, de la tecnocracia extranjerizante que se nos avecina a galope tendido día tras día.

Dios quiera que así sea.

NABONAZAR COGOLLO AYALA

Madrid (Cundinamarca), enero 7 de 2013

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